miércoles, 27 de noviembre de 2013

Noviembre, mes de los difuntos en Sevilla.

          Nos encontramos encarando ya la recta final del mes que figura en el título, lo cual ha hecho que muchas de las calles de esta ciudad se vean frías y cubiertas por mantos de hojas caídas de los árboles que las adornan y sombrean, signo característico de esta época del año. Son bastantes las personas a las que les gusta este mes, como símbolo del otoño, por las lluvias y los nuevos matices de colores que adornan el paisaje. A otras muchas les entristece, lo ven gris bajo un cielo nublado. A mí simplemente me parece nostálgico, así de sencillo, un mes romanticista, una época de respeto y el recuerdo por los seres que ya se han ido, aunque lo hagamos todo el año, pero también de valoración entre los que aquí seguimos en el día a día y aquellos que abren sus ojos por primera vez bajo el cielo encapotado o no, de esta ciudad.



Por eso queremos hacer una ruta por los diferentes lugares, que durante las distintas épocas de la ciudad, han sido elegidos para el descanso eterno de esas personas, sean sevillanas o foráneas, y que de ese modo han quedado vinculadas a la historia de la ciudad para la posteridad. Este propósito será largo, algo normal ante la magnitud milenaria de esta urbe, pero lleno de curiosidades y leyendas, quizás para algunos de descubrimientos e incluso para otros podrá resultar sorprendente e impactante, una vez que sean conocedores de lo que bajo sus acogedoras viviendas hubo alguna vez o puede que aún haya, pero que había sido olvidado por el paso del tiempo.
Debido  que tan sólo podemos observar las necrópolis dolménicas correspondientes a civilizaciones anteriores a la era cristiana en terrenos elevados, como son el Aljarafe y los Alcores, comenzaremos retornando a la Híspalis romana, y para ubicarnos en ella que mejor que ver una superposición aproximada de la ciudad en dicha época con la actual. De esta forma nos hacemos una idea de la forma triangular que parecía tener y también podemos seguir el recorrido de sus calles y vías de extramuros que actualmente forman nuestro entramado urbano.


Es importante conocer las salidas que tenía la ciudad, porque gracias a otras urbe se sabe que era costumbre romana el situar sus mausoleos, columbarios y aras funerarias a ambos lados de las rutas que comunicaban poblaciones. Así que de esta forma se han llegado a localizar algunas de las zonas con necrópolis. Por ejemplo, en dirección S estaba la calzada hacia Gades, por ello aparecieron enterramientos en el área de la antigua Fábrica de Tabacos, San Telmo y Prado de San Sebastián correspondientes a los s.II-III, una vez cruzado el arroyo Tagarete, aunque posiblemente también bajo los Alcázares. De las mismas fechas y en dirección SE existen necrópolis en lugares como la Casa de los Mañara, San Bartolomé y el barrio de San Bernardo y ya algo más hacia el vértice del E, en la zona del antiguo Convento de Santa María de los Reyes, además de en otras calles de ese entorno como son c/ Imperial, c/ Santiago y c/ Leoncillos, siendo estas necrópolis de los s.I-II. Continuando no muy lejos de allí, estaba la puerta ubicada en Santa Catalina, de la que partían dos trazados. El primero, en dirección NE, ha dado lugar a las actuales c/ Sol, a lo largo de la que encontramos restos funerarios del s.I, e igualmente ocurre con la Carretera de Carmona, donde se haya la necrópolis ubicada en la Trinidad y la manzana del antiguo y fatídico Bazar España, que abarca desde el s.II hasta el visigótico s.VII, siendo el lugar en el que según la leyenda fue enterrada una de nuestras hermanas patronas alfareras, Santa Rufina. El otro camino, en dirección N, partía en busca de Agusta Emerita,  estando formando por el eje de las calles Bustos Tavera - San Luis - Don Fadrique, de ahí la existencia de enterramientos en ambas aceras de San Luis, como en la Plaza del Pumerejo, c/ Virgen del Carmen Doloroso o c/ Inocentes y fechadas en el s.I. Curiosamente, esa parte de la ciudad es conocida como una "milla de oro" de sucesos paranormales por los investigadores de dicha temática, dado el alto número de sucesos ocurridos allí por supuestas apariciones fantasmales, psicofonías e incluso posteriores suicidios.

Detalle de tumbas visigodas y romanas en S. Bernardo, G. Hoefnagel en Civitates Orbis Terrarum de 1572

También tenemos conocimiento de algunos de los lugares que fueron elegidos, durante la dominación musulmana, para emplazar los cementerios de los habitantes de esta  ciudad durante los siglos que permanecieron los árabes en ella. Es característico encontrar a las personas que yacen en estas tumbas en una posición orientada a La Meca.  Figuran de esta forma en la necrópolis  de los s.IX-XI bajo los actuales Jardines de la Buhayra, un espacio muy reformado y disminuido actualmente con respecto al terreno original de dicha época. También tenemos el conocido Cementerio de los Alfareros, fechado entre los s.XI-XII, que ocupó gran parte del brazo del río que había sido desecado, en lo que hoy es la Plaza Nueva, el Ayuntamiento y el comienzo de la Avenida de la Constitución. También encontramos un amplio número de enterramientos en la otra orilla de la ciudad, más allá del Puente de Barcas. Éstos corresponden a una necrópolis almohade de los s.XII-XIII, que quedó oculta bajo la construcción del Castillo de San Jorge y posteriormente bajo el Mercado de Triana, cuya remodelación los sacó nuevamente a la luz, de ahí que los restos de la fortaleza sean ahora visitables. De dicha época es también el conjunto de tumbas aparecidas en la zona de la Alameda, en diferentes partes como la c/ Divina Enfermera, c/ Alberto Lista o c/ Juan Pérez de Montalbán, por lo que se intuye que ocuparía una amplia área situada al norte de la probable ubicación del Alcazar de Al-Mukarram. Otros sitios documentados son los exteriores de la Puerta Carmona y la Puerta Osario, cuyo nombre coinciden la mayoría de autores en que procede precisamente de ser la salida hacia un lugar para el reposo de restos óseos.

Epígrafe funerario musulmán (Museo Arqueológico) perteneciente al Cementerio de los Alfareros y detalle del mismo (recreación de Pacho Garmendia en "Sevilla Almohade 1248").

Otra cultura que dejó su huella en la ciudad fue la judía, por lo que sus difuntos también encontraron descanso eterno en algunos rincones de estas tierras. Una población muy localizada en el sector oriental del casco urbano, siendo la actual Puerta de la Carne un punto neurálgico en la vida y la muerte de los hebreos, ya que al salir por ella se ubican, a ambos lados, la mayoría de los enterramientos, que están fechados en los s.XIV-XV. En menor medida, también han sido encontrados a la izquierda de la Puerta Osario, a los pies de la barbacana que antecedía a la muralla. Por supuesto, los judíos conversos que continuaron en la Sevilla, ya cristiana, hasta su expulsión decretada en 1483, recibieron reposo. En este caso, junto a los monasterios de San Bernardo, San Agustín y la Trinidad. Además, libertos y esclavos han aparecido junto al lienzo de muralla que existía en la actual c/ Cano y Cueto hacia el Paseo de Catalina de Ribera, donde el espacio ha sido compartido con musulmanes y tardorromanos del s.V. Así se demuestra la relación entre todas estas culturas a la hora de elegir sus camposantos, puesto que son varios los ejemplos de lugares reutilizados para el mismo fin, nunca mejor dicho.

Vista parcial del cementerio hebreo de la c/ Cano y Cueto y el Paseo de Catalina de Ribera

Posteriormente llegó la expansión social y económica de Sevilla en el Siglo de Oro y la consiguiente decadencia en los s.XVII-XVIII, cuando las epidemias de peste y otras enfermedades, propias del trasiego mercantil con las Indias, hicieron mella en la ciudadanía. Numerosas iglesias y conventos surgidos tienen que albergar capillas funerarias en sus interiores y pequeños cementerios colindantes a sus muros exteriores. Tenemos el claro ejemplo del Salvador, donde se encontraron más de 400 tumbas, siendo muchas de ellas de niños, dada la cercanía con la antigua Casa Cuna. Además ha quedado el recuerdo y la historia de muchas cruces de la ciudad, como la de Cerrajería, Caño Quebrado, Retama y otras más, que son testimonio de los diferentes espacios que tuvieron que albergar a los miles de habitantes fallecidos en esos dramáticos momentos de insalubridad que sufría la ciudad.  Ya en el s.XIX, con la inauguración del actual cementerio municipal, estos espacios se convirtieron en plazas como la de Monte-Sión, San Julián, Santa Ana y otros lugares como el Baratillo o la amplitud de San Jacinto.

Cruz de las Culebras, del antiguo cementerio del Salvador.

Como antes mencionamos, es en s.XIX cuando la ciudad, ya sin invasores franceses, va recuperando la normalidad y comienza una nueva expansión hacia extramuros. Como vimos en la anterior entrada, cruzando el Prado de San Sebastián existía la ermita del mismo nombre y actual parroquia, en la que se instala el Cementerio de S. Sebastián en el año 1819, pero pocos años después, en 1827, el clero divide una parte del mismo por la que cobrarán directamente los tributos por cada entierro allí efectuado, por lo que se le nombra como el Cementerio Eclesiástico o de los Canónigos. Ambos serían finalmente clausurados en 1889, una vez culminado el traslado de los restos al cementerio municipal actual. Contemporáneo era el Cementerio de los Pobres, que, como indica su nombre, estaba destinado a aquellas personas que no podían sufragar los gastos de la sepultura. De ahí que se diga "no tiene donde caerse muerto". Su ubicación estaba muy cerca de los anteriores, concretamente pasando la Venta de Eritaña, junto a la alcantarilla de igual nombre que servía para salvar la desembocadura del arroyo Juncal en el conocido arroyo Tamarguillo, zona que hoy conforma el cruce de la c/ Valparaíso con la c/ Juan Pablos. También Triana contó con el Cementerio de San José, inaugurado en 1832 y situado más allá de la c/ Castilla, aproximadamente en la zona donde hoy se levantan la criticada Torre Pelli o los edificios Torre Triana y World Trade Center de la Expo'92.

Detalles de los cementerios en el plano de Sevilla del Instituto Geográfico Nacional en 1839.

Y por fin llegamos a un día de año nuevo, concretamente el 1 de Enero de 1853, fecha en la que el nuevo cementerio municipal de San Fernando abre sus puertas para recibir a un matrimonio sevillano como los primeros inquilinos. Desde entonces ha ido cumpliendo su cometido, alojando a miles de ciudadanos entre su multitud de calles, siendo la mayoría de ellos cristianos, aunque reservando un espacio para los no creyentes y otro para los musulmanes. Sin embargo, a los fallecidos protestantes británicos habrá que buscarlos en el Cementerio de los Ingleses, inaugurado en 1855. Un lugar abandonado desde principios de este siglo en el corazón del barrio de San Jerónimo. Pero volvamos al de S. Fernando, y es que dentro de sus muros encontraremos leyendas como la del Cristo de las Mieles o el Cachorro, anécdotas como la ocurrida a una señora que cayó al suelo y quedo inconsciente hasta la hora del cierre y se presentó en la puerta ensangrentada y pidiendo auxilio ante el espanto de los guardas que aún corren despavoridos. También veremos auténticas obras de arte en piedra como el mausoleo del torero Joselito el Gallo o algún Cristo Yacente como el de Antonio Perea, habrá tumbas de arquitectos, médicos, panteones de realeza, de monjas, los caídos en el bando nacional de la locura de guerra civil los verá a su izquierda, y los republicanos, con el presidente Martínez Barrio a la cabeza, los verá a su derecha. Encontrarán presidentes de los clubes de fútbol de la ciudad, futbolistas, artistas, cofrades, feriantes, rocieros, ancianos y niños, familiares suyos y míos, y una gran cantidad de ciudadanos anónimos para la mayoría pero que descansan en paz con la historia de sus vidas.

Interior del Cementerio de los Ingleses.

De este modo, ya hemos finalizado este largo caminar por la historia de la ciudad a través de muchos de sus rincones. Esperamos que hayan disfrutado una vez más de los tesoros que esta Sevilla nos brinda, ahora descansen, pero no eternamente aún, porque nos quedan muchas más secretos que seguir descubriendo de la ciudad y sus personajes.

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