martes, 11 de marzo de 2014

El Puente de Triana y su "padre francés".

         Hoy nos detenemos en uno de los puentes que utilizamos para poder cruzar el río Guadalquivir a su paso por la ciudad. Concretamente en el primer puente estable de la ciudad construido sobre nuestro río y que se ha convertido en uno de los símbolos de Sevilla en general y de todo un barrio en particular. Éste no es otro que el puente denominado como Puente de Isabel II, más conocido popularmente por todos los sevillanos como el Puente de Triana, nombre que lo caracteriza universalmente. Una obra hecha por el hombre pero que sirve para unir lo que la naturaleza separa: las dos orillas de esta urbe.


Ubicado donde anteriormente estaba el flotante Puente de Barcas, ha sido desde tiempos muy lejanos el enlace desde la salida de la ciudad por la desaparecida Puerta de Triana hasta el barrio que le da nombre. Un puente que, por tanto, ha registrado una gran actividad de tránsito sobre él desde siempre.

Puente de Barcas. Detalle del Civitates Orbis Terrarum, Braun & Hogenberg 1588.

Pero es durante el s.XVI cuando son presentados varios proyectos para levantar un puente permanente en Sevilla que una las dos márgenes del río. Procediendo el Cabildo Municipal de la ciudad al estudio de los mismos y así poder ejecutar la obra, especialmente en la segunda mitad de este siglo, cuando los recursos económicos parecían estar disponibles. Uno de ellos fue elaborado en 1563 por Fabricio Mondente, en el que se proponía la realización de un puente a base de madera e hierro. Ante tal ofrecimiento, el Cabildo reúne una comisión para estudiar dicha propuesta, incluyéndose la petición de construir una maqueta que ilustrase el proyecto. Años después, en 1578, el Conde de Barajas fue quien promovió ante el Cabildo la necesidad de elaborar un puente, argumentando el alto coste anual que representaban las reparaciones de los tableros del Puente de Barcas, el número de personas ahogadas y los graves perjuicios ocasionados durante alguna de las rupturas del puente hasta su reparación, unas tareas que tardaban un mes, tiempo durante el cual ni los ciudadanos ni sus mercancías podían atravesar el río. Ya en 1629 hubo otro intento, en esta ocasión, promovido por el Vizconde de la Corzana, para levantar un puente definitivo y elaborado totalmente en piedra, correspondiendo la autoría del diseño al Maestro Mayor de Obras del Consejo, D. Andrés de Oviedo.

Grabado del proyecto de Andrés de Oviedo

Pero finalmente, como suele ocurrir en esta ciudad, no fue hasta mediados del s.XIX cuando se retoma la idea de construir el puente. Ahora son los Duques de Montpensier quienes tienen en mente la obra, impresionados por el recién inaugurado Pont du Carrousel sobre el río Sena en París, ejecutado por Antoine-Rémy Polonceau con un innovador diseño, no exento de críticas en la época. Tal idea semejante al viaducto parisino fue aprobada por la Junta Consultiva de Caminos, Canales y Puertos en Abril de 1845, por lo que incluso se llega a comentar que dicho puente es el "padre francés" de nuestro sevillano Puente de Triana. Para tal menester, son elegidos los ingenieros franceses Gustavo Steinacher y Fernando Bernadet.



A diferencia del puente parisino, en la construcción del Puente de Triana se emplearon pilares de piedra y piezas de hierro, sin utilización de madera. En la orilla de Triana se estableció una gran rampa de contención que llega hasta la calle de San Jorge. Otra característica curiosa fue la imposición para que las piezas de fundición fuesen construidas en España, particularmente en Sevilla, donde se asentaban los talleres de fundición  pertenecientes a los hermanos Bonaplata, una empresa creada en 1840. La ejecución de esta innovadora obra se inició en 1845 y se terminó a comienzos de 1852, siendo la inauguración el 23 de Febrero de dicho año con la celebración de un desfile militar. De esta forma quedaba abierto para su uso como un referente arquitectónico del hierro en la España y la Europa del s.XIX. Además es hoy en día uno de los puentes de estas características más antiguo que siguen en pie y a pleno rendimiento, algo que también lo distingue de su mentor francés, puesto que aquel fue en usado en sus comienzos con peaje y sufrió un paulatino deterioro hasta que fuera demolido en 1930 para su reconstrucción.



Pero nuestro afamado puente también ha necesitado alguna restauración a lo largo de su historia, y gracias a esos arreglos es como conseguimos disfrutar de él en la actualidad. La primera fue hacia 1881 para la consolidación de los pilares y estribos. Ya en las primeras décadas del s.XX, el ingeniero Ramírez Doreste y el arquitecto Juan Talavera llevaron a cabo una reforma que consistió en cambiar el tablero, dotándolo de más anchura gracias a los andenes en voladizo para los peatones para facilitar así el tránsito de los tranvías de la época. Posteriormente, a finales de la década de los 50 y 60, surgen nuevos proyectos para su óptimo mantenimiento debido a la gran cantidad de tráfico rodado que comenzaba a sufrir, de hecho estuvo cerrado al paso de camiones y autobuses, por lo que empieza a estudiarse su posible derribo y creación de uno de hormigón ideado por el ingeniero Carlos Fernández Casado, autor del Puente de los Remedios. Años después, cuando esa idea parecía olvidada, fue retomada a raíz del temblor notado en el puente durante la procesión de la Hermandad de la Esperanza de Triana en la Madrugá de 1974, lo que provocó el pánico y la huída de los allí presentes. En medio del dilema se llegó a 1976, año en el que es declarado Monumento Histórico Nacional el 13 de Abril. Lo cual favoreció notablemente para acometer, en 1977, una profunda restauración a manos de los ingenieros Juan Batanero y Manuel Ríos Pérez, instalando un nuevo tablero que hace que las arcadas y círculos de hierro (en Francia los apodaban "rond de serviette", aros de servilleta) pasen a ser meros elementos ornamentales. Su nueva puesta en funcionamiento fue un 13 de Junio de tal año hasta llegar a nuestra actualidad, no sin antes sufrir un retoque vial con la creación de carriles-bici y peatonales que estrechan los asfaltados para el tráfico, lo que ha llevado a opiniones dispares entre la población.

Alzado original y actual.

El 23 de febrero de 2002, el puente cumplió 150 años de su inauguración, por lo que hace unas semanas ha sido su 162º aniversario, algo que esperamos que siga sumando muchos más. Y es que no sólo es un puente que sirva de tránsito de vehículos, es un vínculo eterno entre las dos orillas, un ir y venir de las personas a diario, así durante todo el año, desde el día 5 de Enero, cuando es paso de Sus Majestades de Oriente hacia una Triana llena de ilusión. También cuando llega la primavera, y con ella la Semana Santa y se convierte en un precioso enclave para todas las cofradías trianeras que lo cruzan en busca de su camino hacia la Santa Iglesia Catedral, y luego volverlo a atravesar en su recogida por las calles del barrio, algo que deja preciosas estampas de todas y cada una de las hermandades de Triana, incluso de Las Cigarreras que también cruzaban por él hasta hace pocos años.

Paso del Cristo de las Aguas, cuando Las Aguas salían de S. Jacinto.

Ya cuando el calor aprieta en el soleado verano de la ciudad, y con motivo de la festividad de Santa ana el 26 de Julio, el barrio trianero celebra su tradicional Velá de Santa Ana, motivo por el que se transforma durante cinco días el puente en una pasarela peatonal engalanada de luces y banderolas para dar la bienvenida a los sevillanos que acuden a la cita, llenándolo de más vida y color del que posee habitualmente, cuando sirve de inspiración a pintores y fotógrafos para sus retratos y cuadros, incluso en algunas ocasiones como modelo para la portada de la Feria de Abril.

Puente de Triana durante La Velá.  Autora: Lola Sosa


Y aquí terminamos de cruzar entre las orillas de la historia de nuestro puente y su "padre francés", ambos gemelos pero con distinta suerte como hemos visto. Y ya que hemos sido los afortunados, esperemos poder seguir disfrutando durante muchos años de la estampa más bella que deja el río Guadalquivir a su paso por la ciudad, aunque algunos lo llenen de candados confundiendo Roma con esta Sevilla Legendaria.

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