lunes, 31 de agosto de 2015

La Fuente del Arzobispo.

          Seguimos atravesando el estío sevillano y para ello que mejor forma que volver a refrescarnos, como ya hiciéramos en nuestra última publicación, en dicha ocasión fue un remojón playero y ahora lo haremos calmando nuestra sed bebiendo un poco de la que en su día decían que era una de las mejores aguas que podían beberse en esta ciudad. Así que vamos a pasear una vez más por las calles de Sevilla para hacer nuestro particular viaje al pasado y conocer un poco más la historia de este afamado manantial llamado la Fuente del Arzobispo.

La Fuente del Arzobispo en 1765. Fototeca Universidad de Sevilla, Antonio Palau 1956.




Para ubicarnos en el plano de la imagen, que pueden ampliar aunque perderá nitidez, tienen a su derecha los puntos A, B y C como los manantiales de los que brotaba el agua y sus canalizaciones hacia el punto 1, que aparece como el depósito general de agua y ya algo más adelante la propia Fuente del Arzobispo como punto 2 y un puente que atraviesa un arroyo que figura con el nombre de Repudio en el punto 3, además de una laguna en punto 4.  Ese puente está representado en otros planos antiguos de la ciudad como la Alcantarilla de la Fuente del Arzobispo, sobre el arroyo Tagarete o Miraflores que llega a Sevilla proveniente de la comarca de Los Alcores, lo cual nos da una pista sobre la calidad del agua, ya que comparte su origen con el otro punto de abastecimiento que tenía la ciudad, los Caños de Carmona. Pues toda esta zona correspondería a la confluencia del final de la Carretera de Carmona y las actuales calles Baltasar de Alcázar (prolongación de la calle Arroyo-Tharsis, por el curso del Tagarete), Hespérides, Gramil y avenida de las Asociaciones de Vecinos, por lo que ha sido sustancial el cambio de un puente sobre un arroyo por otro sobre las vías del ferrocarril y de un paisaje silvestre por un nudo enrevesado de calles y cargado de semáforos descoordinados que colapsan aún más el intenso tráfico de vehículos que pasan por allí, desconocedores de lo que un día hubo bajo sus ruedas. Al otro lado de la imagen, tras ver todo el trayecto de las cañerías numeradas con el 5, llegaríamos al punto 6 que figura como Fuente de Córdova y el 7 como Muros de la Ziudad, lo cual nos indica que era una fuente situada junto a la Puerta de Córdoba, en la antigua muralla de la ciudad y frente al Convento de Capuchinos, que ya había sido fundado en 1627 sobre la antigua Ermita de las Santas Justa y Rufina, y era uno de los conventos a los que proveía de agua.

Arzobispo Don Remondo.
Monumento al Rey San Fernando.
Plaza Nueva, Sevilla.
La existencia de este manantial es antiquísima, prueba de ello es que es una zona catalogada como yacimiento arqueológico en conservación preventiva. Más aún tras las labores de Candau en el s.XIX y de Collantes en el s.XX, en las que aparecieron objetos de sílex y quedó ya definida el área que abarca este conjunto como un asentamiento en la Edad del Cobre, aunque desgraciadamente en la actualidad nos resulte imposible apreciar algún detalle del mismo a simple vista sobre el terreno.Es entonces tras la reconquista de la ciudad por parte del rey Fernando III de Castilla, cuando este paraje fue donado a su confesor y Obispo de Segovia, Raimundo de Losana, conocido en Sevilla como el Arzobispo Don Remondo, y que cuenta hoy en día con una calle rotulada en una de las fachadas laterales del Palacio Arzobispal y la estatua que vemos en la imagen, mirando hacia el Hotel Inglaterra. Así que ya conocemos el nombre del clérigo al que hace referencia el nombre de esta fuente, situada en esos terrenos que fueron de su propiedad, aunque posteriormente pasaron a propiedad municipal y finalmente ya privada en los últimos años de existencia que tuvo y de la cual no hay placa ni calle que nos recuerde el manantial que allí hubo y que, en su medida, tuvo importancia en aquella antigua Sevilla.


Como decíamos al comienzo, su calidad era muy apreciada y conocida por las diferentes culturas que hubo en la ciudad, pero sin embargo no es hasta 1574 cuando se construye un depósito y un abrevadero y se inicia también la arcada que veíamos en la imagen del principio y como llegaba hasta la Puerta de Córdoba, en un barrio de San Julián repleto de huertas por aquellas fechas. A continuación, vemos el discurrir de las cañerías tanto viejas como nuevas, ya que data del s.XVIII, ya por intramuros. De este modo iban apareciendo fuentes en el viario, pero su principal objetivo era llegar a surtir las fuentes de la Alameda de Hércules que era de construcción contemporánea a estas conducciones. Antes también iba suministrando al Convento del Valle, la plaza de Santa Lucía, el Convento de San Basilio hasta la mencionada Alameda, donde un nuevo depósito seguía enviando agua a las plazas del Duque, de San Lorenzo y de San Vicente, para culminar en las fuentes de la Puerta Real y de la Puerta Triana, y de camino algún palacete cuyos dueños podían costearse el líquido, ya que a muchos ciudadanos les costaba mucho trabajo poder pagar su precio cuando los aguadores con licencia municipal la traían desde el manantial.

Plano de las cañerías por la ciudad. Anónimo, s.XVIII. Archivo Histórico Municipal.

Pero la ciudad siguió su evolución, y unos siglos después se encontró con la llegada del ferrocarril. Las vías férreas entraron con fuerza en la ciudad, que vio como caían partes de sus muros y puertas, y claro está algunos pagos y huertas de extramuros también iban a sufrirlo. Esto fue lo que sucedió con la Fuente del Arzobispo, que tras pasar a manos privadas en un último intento por mantenerla en funcionamiento, no pudo soportar la construcción de las vías a través de sus parajes. Su agua tan valorada antaño se convirtió en otra de mala calidad que hizo perder el interés de los sevillanos por la misma, sucumbiendo allá por el año 1874, fecha en la que comenzó a ir deteriorándose en el olvido hasta ser una construcción en ruina de la que ya nos queda únicamente su recuerdo. Afortunadamente no lejos de allí se ubica en la actualidad el Parque de Miraflores, con sus haciendas, huertas y norias, pero por el que ya pasearemos en otro momento.

2 comentarios:

  1. Muy interesante. Si fue un manantial que ahora no mana, el agua debe estar en algún punto y no surge al exterior por falta de apertura. Sería interesante conocer las propiedades de esas aguas, por si pudieran ser salutíferas.

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    1. Gracias Mª Luisa. La verdad es que difícilmente puede averiguarse algo en una zona que ha sufrido tanto cambio con la construcción de las vías ferroviarias, carreteras, el polígono industrial y el Parque de Miraflores, en el que sí existe un recuerdo fluvial del arroyo Tagarete. En definitiva, una zona muy controlada por las diferentes obras de Emasesa para evitar las temidas inundaciones del pasado. Un saludo.

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