jueves, 29 de octubre de 2015

El Cerro Macareno.

          Nos desplazamos hoy a unos escasos 10 km al Norte de la ciudad, en el vecino municipio de La Rinconada, situado en plena llanura aluvial del río Guadalquivir. Allí nos encontramos con un yacimiento arqueológico que alberga bastante historia y que podemos divisar a la izquierda desde la carretera A-8004, justo antes de llegar al núcleo de San José de la Rinconada. Como indica el título, hoy pasearemos por el Cerro Macareno, el cual proporciona una de las hipótesis acerca del nombre del conocido barrio sevillano.


Vista aérea de la zona y su evolución desde 1957 a la actualidad. Goolzoom.


Como se puede ver en la imagen, se trata realmente de dos suaves lomas, rondan los 10-13 msnm, y cuya definición exacta es un tell, palabra de origen árabe y hebreo que significa montículo o colina y que ha sido originada por la acumulación de restos materiales de ocupación humana. Y precisamente esta circunstancia es la que delata al Cerro Macareno como un lugar habitado desde la Edad del Hierro, hacia el s.VIII a.C., pasando por los Íberos y la Edad del Bronce hasta la época romana, en torno al s.II-principios del s.I a.C. En la actualidad, se trata de un yacimiento arqueológico que abarca una extensión de unos 50.000 m², aunque se encuentra muy deteriorado al haber sido usado como gravera y por los terrenos de cultivo colindantes, que como vemos lo cubrían hasta hace poco tiempo, ya que hasta comienzos de la década de los 70 no fueron descubiertos algunos restos por unos vecinos de Brenes que lo pusieron en conocimiento del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, que inició sus investigaciones allá por 1971. Además está flanqueado en su parte norte por el arroyo Almonazar, proveniente de Los Alcores y que desemboca 2 km después en el río Guadalquivir, lo cual hace pensar que su cercana ubicación al río fuera entonces mucho más próxima, dotando al asentamiento de una actividad fluvial y comercial importante en su desarrollo y siendo su posterior lejanía uno de los motivos del abandono que curiosamente coincide con la fundación de la majestuosa ciudad de Itálica en la otra orilla del río, a una distancia no muy lejana de donde nos encontramos.


El Cerro Macareno desde San José de la Rinconada.

En principio debió ocupar un espacio cuatro veces mayor al actual. Estos pequeños montículos que ven arriba y que si han pasado por allí, probablemente los hayan visto con anterioridad, aunque o les pasaron desapercibidos o bien les llamó la atención que en medio del llano cultivado asomara esa pequeña elevación, son los que quedan encerrando parte del paso del tiempo y de las culturas de nuestra tierra. Leíamos antes que hay constancia de su habitabilidad durante seis siglos, ya que en una etapa más remota probablemente el Guadalquivir lo cubriría o aislaría. Son numerosos los estudios realizados en el terreno, en ellos se encontraron monedas, utensilios, partes de muros y construcciones de adobe y cantos rodados y una gran cantidad de restos cerámicos cromáticos de ánforas, vasijas, ollas o platos. Muchos de ellos están en el Museo Arqueológico, otros muchos se habrán ido destruyendo o han sido expoliados por curiosos que buscaban por allí. Lo que se ha podido recopilar y comparar con otros yacimientos ha servido para averiguar que fue ocupado en cuatro etapas distintas: los primeros tartessios que habitaron en hogares circulares en los s.VIII-VII a.C., luego los tiempos de íberos en contacto con fenicios y griegos hacia los s.VI-IV a.C., posteriormente pasamos a un intercambio íbero-cartaginés en los s.III-mediados del s.II a.C. y posteriormente la época romana de los s.II-I a.C., ya que en el éxito de la conquista romana tuvo mucho que ver su victoria sobre el ejército cartaginés en la Batalla de Ilipa (206 a.C.), en la actual Alcalá del Río, que también se sitúa a pocos kilómetros de este espacio.

Tableta del Cerro Macareno (celtiberia.net) y su esquema (Íñigo Sáez Uribarri)

Es difícil comprender exactamente como afectaron todos los factores mencionados al declive de este asentamiento y lo qué ocurrió definitivamente con su población. Pero ante tantas dudas hay un enigma que resalta por encima del resto, y no se debe precisamente por su gran tamaño, ya que la pequeña pieza de barro cocido que ven en la imagen superior cabe en la palma de nuestra mano como si de un móvil de reducidas dimensiones (9x6x2cm aprox) se tratase. Es la llamada Tableta del Cerro Macareno, expuesta en el Museo Arqueológico de Sevilla y que tras numerosos estudios en su vertical y en su horizontal, sigue ocultando la información escrita en ella, lo cual hace que existan casi tantas teorías y especulaciones como casillas hay en su interior, que son 112 en total. Desde que es escritura sumeria hasta que es un cálculo matemático, pasando por un calendario temporal, otro de tipo astronómico, simples anotaciones, un juego o a saber la opinión de cada cual. Uribarri, tras un exhaustivo análisis estadístico y estudio de otros autores llegó a la conclusión de que las muescas verticales, horizontales y diagonales que aparecen son un sistema de codificación de datos, en el que hubo un alto porcentaje de fiabilidad, aunque no pudo llegar a determinar si correspondía con una escritura o un conteo. En definitiva nos encontramos de vuelta en la ciudad, por lo que ya hemos llegado al final de nuestro paseo sin que nuestra curiosidad humana haya encontrado la respuesta a la pregunta que todos nos hacemos: ¿Qué significan los signos de la tabla?

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