sábado, 29 de octubre de 2016

La calle del Horno de las Brujas.

          Estamos en fechas que son tristemente cada vez más americanizadas y mediatizadas hacia la celebración de "Halloween", la Víspera de Todos los Santos, que tiene su origen en la fecha del "Samhain" celta, una suerte de año nuevo para esta cultura, el fin del verano y de las cosechas. Hoy en día desembarca en nuestras tierras como una noche festiva de disfraces y golosinas para los pequeños y aderezada con alcohol para los mayores. Pero Sevilla no necesita esa fiesta, esta ciudad ha crecido bajo el respeto por santos y difuntos, y haciendo uso de ese respeto que es tan necesario hoy en día, se puede disfrutar de una entretenida noche en la que recordar tantas leyendas que recorren sus calles y rincones.

Esquina con la maqueta del pez que sobrenombra a la calle en épocas diferentes.
Procesión del Corpus en los años 20 (Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla, 1993) y en la actualidad. 

Precisamente nos dirigimos al centro de la ciudad para perdernos un poco por esas calles, en concreto a la que actualmente se rotula como c/Argote de Molina y que, como ven arriba, es más popularmente conocida como "La Cuesta del Bacalao", y que junto a la c/Cuesta del Rosario forman los puertos de montaña más conocidos de nuestra Semana Santa, pero hubo un tiempo, antes de que fuera transitada por los pasos de las diferentes hermandades, en que la recorrían gran cantidad de carruajes con mercancías que atropellaban a los incautos vecinos.

Recorrido de la calle Horno de las Brujas. Su inicio aparece intercambiado por error con la c/Estrella.
(
Detalle del Plano de Sevilla del Asistente Pablo de Olavide, 1771).

Esta vía comienza donde termina la c/Manuel Rojas Marcos, que al llegar al edificio de la Fundación Gota de Leche se bifurca en ésta y en la c/Estrella, y termina en la esquina con la c/Conteros, muy cerca de la Catedral. Su tramo inicial perteneció a la antigua c/Alta, recordemos que estamos en la zona más primitiva y elevada de Sevilla. El siguiente sector de la calle, hasta encontrarse con la c/Estrella, se llamaba desde el s.XIV como calle "de los Marmolejos", por la familia que tuvo allí su casa-palacio, tan habituales por el barrio. El tramo que baja hasta el mencionado bacalao fue conocido como c/Castellanos desde el año 1502, ya que eran los que se ubicaban en ella como hacían los ciudadanos de la ciudad italiana de Piacenza en la c/Placentines, con la que se cruza. Desde el 1631, esta parte recibió el nombre de nuestro título de hoy, porque había un horno en el lugar donde antes hubo otro llamado Horno del Águila, allá por 1483. Fue a lo largo del s.XIX cuando hubo más cambios de nombres y su unión en la que hoy conocemos. Primero en 1839, el final de la calle fue llamado c/Ciprés. Años después, en 1862 se rotula la parte principal ya como c/Argote de Molina, y un año después también cambia la zona del horno por c/Monte Pío, ya que allí estaban sus oficinas y para evitar confusiones con la c/Horno, en S. Buenaventura. Finalmente, en 1868, se decidió unificar toda la calle bajo el nombre que perdura hasta hoy, en honor al militar, escritor y genealogista sevillano Gonzalo Argote de Molina.

Rótulo del final de la calle, cuando llega a la c/Conteros.

Pero queremos centrarnos en ese nombre que tuvo, el de "Horno de las Brujas". El horno que se ubicaba en la estrecha barreduela del Águila y que al parecer era regentado por dos hermanas originarias de la ciudad flamenca de Brujas, que por entonces pertenecía al Imperio español de Carlos I, y que deleitaban a nuestros antepasados con ricas tortas y bizcochos de su tierra natal, de tal forma que el rey otorgó el título honorífico de Tenedor de fornos. Hasta aquí todo parece normal, si no fuera porque el negocio de las hermanas brujenses fuera con el tiempo transformado en la leyenda de un horno de brujas maléficas que quemaban niños y hacían sus aquelarres en los recónditos sótanos del lugar.

Entre las grandes casas señoriales de la calle se escondía el famoso horno,
lugar hoy ocupado como vemos por un restaurante y un hotel.

Esa legendaria fama venía precedida también por el milagro de San Diego de Alcalá, fraile franciscano del pueblo sevillano de San Nicolás del Puerto, que estando de visita en la ciudad a principios del s.XV salvó a un niño de morir entre las llamas del interior del horno, encomendándose en sus oraciones a la Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla que intercedió para que el mozo saliera sin ninguna quemadura y acabara como prior de un convento de Granada, y su madre que, como no podía ser de otro modo, había sido tachada  de bruja, pasara a llevar una vida ejemplar y una fiel devoción por dicha Virgen. Pero todos los hechizos y misterios de estas supuestas brujas se lograron romper cuando se descubrió una magnífica red de galerías subterráneas en la cercana c/Abades y que eran pertenecientes a unas antiguas e impresionantes termas romanas, como se publicó en el diario ABC del 8 de octubre de 1975. Algunos autores llegan a ubicar a estas brujas hasta bajo el Instituto Británico, que se encuentra también próximo y además colindante con un actual negocio de termas precisamente.

Parte de la fachada del Instituto Británico.

Y aquí les dejamos por hoy, en estas estrechas vías céntricas que forman el laberinto de la frontera entre los barrios de la Sevilla cristiana y la Judería. Paseen y disfruten, pero recuerden, más aún si lo hacen en estas noches un tanto mágicas, que pisan sobre historias romanas y donde hubo gente que pereció a los pies de los caballos, y por supuesto, cuídense de estar bajo la atenta mirada de alguna bruja que tenga su escondrijo entre tantos lugares subterráneos de esta Sevilla legendaria.

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