domingo, 13 de noviembre de 2016

Las Cruces de Sevilla.

          Una vez más, nos disponemos para otro nuevo paseo con el que descubrir algo más de la ciudad. En esta ocasión volvemos a visitar el casco histórico, aprovechando este mes de noviembre como cuando escribimos sobre los cementerios de Sevilla, y nos dedicaremos a buscar y conocer aquellas cruces que mencionábamos en dicha ocasión.

Cruces en el Cementerio de San Fernando de Sevilla.


Hoy en día es relativamente fácil encontrar la ubicación de alguien fallecido en nuestro camposanto municipal, pero obviamente no siempre fue así. Tenemos que remontarnos al s.XVII, cuando la ciudad entró en su decadencia económica y social que la llevó a dejar de ser aquella urbe de primer nivel mundial. Ya muchos sevillanos habían emigrado en busca de nuevas oportunidades, pero el declive fue máximo cuando en 1649 se produjo una epidemia de peste de tal magnitud que la población fallecida fue en torno a 60.000 personas, lo cual resultó ser casi la mitad de los ciudadanos que por entonces habitaban en Sevilla. Fueron unos meses duros y devastadores, el olor a muerte acaparó la ciudad tanto dentro como fuera de sus murallas. El Hospital de la Sangre o las Cinco Llagas, sede actual del Parlamento de Andalucía, y el antiguo Hospital de Santa Catalina en Triana se vieron colapsados, teniendo este último que cerrar con más de 12.000 enfermos que murieron en su interior. Lo mismo ocurría con todas las parroquias, conventos y monasterios, que se convirtieron en improvisados cementerios ante tal multitud de afectados, ya que otras zonas como los actuales jardines del Parlamento, los Humeros, la Puerta Osario o San Sebastián eran terrenos repletos de féretros. Aquello tuvo que ser seguramente una imagen dantesca y uno de los momentos más tristes de nuestra bonita ciudad, pero debido a este desastre han llegado hasta la actualidad muchas de las cruces que marcaron esos lugares que ahora son coquetas plazas y rincones por los que transitamos.

Sta Lucía. Juny 5, 1831. Sevilla, near the Puerta del Sol. Lámina de Richard Ford.

Aquí vemos uno de los muchos dibujos que realizó Richard Ford durante su estancia en Sevilla, lo cual nos sirve para saber el aspecto que tenía la antigua Parroquia de Santa Lucía en 1831, antes de que la revolución de 1868 acabara con ella y los desgobiernos de esta ciudad nos hayan dejado un edificio sin su esplendor y con una torre desmochada. A la derecha de la puerta, que es actualmente la de Santa Catalina, se aprecia una hornacina con una cruz que conmemoraba el cementerio que hubo en esa pequeña plazuela. Aunque en una fotografía de 1851 ya no se ve dicha cruz, ahora podemos verla sobre un pedestal en la cercana Plaza de San Julián.

Plaza y Parroquia de San Julián a principios del s.XX.
(Archivo ABC-Hdad. de la Hiniesta).

En esta imagen vemos colocada dicha cruz de forja en el lateral de la parroquia y que como decíamos se ubica hoy en día en el centro de la plaza, donde ya estuvo con anterioridad y que es el mismo lugar donde se levantó la antigua Cruz de la Retama en memoria del cementerio de San Julián, donde reside la Hdad. de la Hiniesta, palabra que significa precisamente retama y son sus flores y el corazón de los Siete Dolores de María los motivos que adornan esta obra de forja. Dicha cruz fue solicitada por la Hdad. de El Silencio tras el devastador incendio provocado que destruyó San Julián el 8 de abril de 1932, colocándola en el atrio de entrada a San Antonio Abad, donde sigue actualmente como vemos en la imagen inferior.

Cruz de la Retama, Real Iglesia de S. Antonio Abad.

Ya que estamos en la c/Alfonso XII, nos acercamos a la plaza de Doña Teresa Enríquez, junto a la Parroquia de S. Vicente. En la siguiente imagen vemos esta coqueta plazuela, en la que en encontramos una cruz que conmemora el cementerio parroquial que hubo allí, aunque esta pieza es una copia de la cruz original de mármol que se guarda en el interior de dicha iglesia.

Cruz de San Vicente.

Cruzamos a la orilla trianera, barrio que por aquella época contaba con la Parroquia de Santa Ana, en cuya fachada izquierda hay una lápida del antiguo cementerio parroquial. También estaba el Convento de Los Remedios, que hoy es Museo de Carruajes, y la ermita de la Candelaria con su hospital, donde ahora se encuentra la actual iglesia de S. Jacinto. Hasta allí nos acercamos para ver la cruz de piedra que nos recuerda el sitio donde muchas almas alfareras encontraron reposo.

Cruz de San Jacinto. 

Volvemos de Triana para adentrarnos en el Arenal. Primero tras la plaza de toros vemos la siguiente cruz de forja, que es la de más reciente colocación, ya que fue instalada en 2014. Se trata de una réplica de la cruz que dio origen a la hermandad del Baratillo, cuya pieza original corona su cercana Capilla de la Piedad, siendo puesta allí debido a la devoción que tuvo esta cruz cuando se instaló en la zona conocida como Monte del Baratillo, que fue utilizada para enterrar a muchos de los vecinos de la parroquia y marineros fallecidos durante la epidemia. Dicho montículo aparece justo en el centro de la imagen de cabecera del blog.

Cruz del Baratillo.

Seguimos por el Arenal y hacia la Plaza de Molviedro, donde una sencilla cruz de forja se alza sobre una pequeña columna a modo de pedestal. Como podemos ver en el plano inferior, se llamó antiguamente Plazuela del Compás y en el centro figura otra cruz, que probablemente recuerde a las personas allí enterradas cuando la Laguna era un barrio pobre y fangoso, además del lugar de la mancebía de aquella Sevilla mercantil y marinera.

Plano de la reurbanización del Compás de la Laguna. (Ministerio de Cultura, Archivos Estatales).

No muy lejos de la Laguna está el Convento de San Buenaventura, en la c/Carlos Cañal. Aquí reside actualmente la Hdad. de la Soledad, cuyo origen y primer titular es la Santa Cruz del Monte Calvario, que no es otra que la Cruz del Caño Quebrado, llamada así por los brotes de agua que salían de ella cuando había inundaciones en su ubicación original en el barrio de la Feria, cerca del callejón Menjíbar y el primer tramo de la c/Castellar, antes llamado precisamente Caño Quebrado y que estaba muy próximo al convento dominico de Monte-Sión. Tras diversas vueltas por diferentes lugares e iglesias la podemos ver en la sede actual de su hermandad.

Virgen de la Soledad de S. Buenaventura de luto en Noviembre.
Detrás la Cruz del Caño Quebrado. (Twitter-Hdad. de la Soledad).

Nos acercamos a la Plaza del Salvador para llegar a una de las esquinas del impresionante monumento barroco, la que confluye hoy con la c/Villegas y que antiguamente se llamó c/Culebras. Ahí está la hornacina que vemos en la foto, con esa gran cruz de madera que estuvo antes en medio de la plaza hasta que estorbó a los carruajes. Fue entonces cuando se colocó en esta esquina y pasó a ser conocida como la Cruz de las Culebras, permaneciendo hasta hoy día para recordar el cementerio que fue la plaza en otra época.

Cruz de las Culebras, Iglesia Colegial del Salvador.

Ahora subiremos a la antigua Costanilla para llegar a S. Isidoro. Allí, en la esquina de la c/Augusto Plasencia, está la plazuela que también nos dejó dibujada Richard Ford, y en ella está actualmente la cruz forjada que vemos abajo con el detalle de la mitra y el báculo, aunque realmente proviene de la cercana Plaza de la Alfalfa, cuando ocupaba un espacio más reducido del actual. Es de suponer que, aunque hubo familias que costearon capillas propias en la parroquia para ser enterrados, no todos los vecinos podrían permitírselo y de ahí este recuerdo en memoria de los que recibieron sepultura en esas fosas comunes o carneros.

Cruz de los Carneros o San Isidoro.

Para encontrar la siguiente de nuestras cruces hay que adentrarse en el antiguo barrio de la Judería hasta llegar a la Parroquia de S. Bartolomé, que tuvo entre su vecindario a Miguel de Mañara, Murillo o la familia Montoto. En el interior de la iglesia está la gran obra de forja que vemos en la siguiente foto, una cruz repleta de simbología relacionada con la Pasión de Cristo y que al parecer estuvo en la cercana Plaza de las Mercedarias hasta 1840, año en el que desaparecen la mayoría de cruces que había por la ciudad para mejorar el tráfico de los carros como dijimos más arriba. Dicha plaza compartió el mismo nombre de la parroquia y actualmente hay un humilde pedestal con una sencilla cruz de hierro.

Cruz de San Bartolomé.

Dirigimos nuestros pasos hacia Santa Catalina, en cuya fachada de la c/Alhóndiga y junto a la ojiva que comentamos al principio fue recolocada desde Sta. Lucía, existe una hornacina con la cruz de forja que aparece en la lámina inferior del pintor escocés David Roberts. Su pedestal servía también como boca de la pila ubicada en el centro de la que por entonces se conocía como Plaza de la Paja, por el mercado de ganado y paja que allí se celebraba. También se aprecian las casas junto a la parte del antiguo alminar y que se derribaron a partir de 1926 en el ensanche que sufrieron muchas calles céntricas.  

Santa Catalina en 1833, David Roberts. 

Volvemos a la zona de la c/Feria, en esta ocasión a la Parroquia de Omnium Sanctorum que alberga hasta tres cruces de hierro forjado, pero llegaron a ser cuatro. La que vemos en la imagen dentro de la hornacina de la fachada principal es la Cruz del Garfio, estaba en la actual c/Peris Mencheta antes llamada c/Peso del Carbón porque los carboneros usaban dicha cruz con un garfio y una romana para pesar el necesario carbón de la época hasta comienzos del s.XIX. Dentro de la iglesia, a la derecha, está la Cruz de Linos, ésta era la que conmemoraba la fosa de enterramiento de la c/Linos, como se conocía el tramo final de la c/Feria. A la izquierda está la Cruz de Caravaca, que ocupaba el cruce de la c/Feria, c/Correduría y c/Cruz Verde. 

Cruz del Garfio, Omnium Sanctorum.

Precisamente finalizamos nuestro paseo en la c/Cruz Verde, porque allí hubo otra cruz pero de diferente motivo a las que hemos visto hoy, esa y muchas más que encontramos por nuestra Sevilla las veremos en otra ocasión. Hoy hemos querido recordar con estas cruces parroquiales a todos los habitantes de esta ciudad que fallecieron en una de las fechas más desastrosas que haya sufrido la historia hispalense. Otras como las de S. Leandro, S. Martín, el Pozo Santo, S. Andrés, Sta. Ana, etc., se perdieron pero deben quedar en nuestra memoria y en la tranquilidad de esas plazas sevillanas.


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